Similitudes entre tu casa y un campo de fútbol

Dos niños juegan al fútbol en casa / FREEPIK

Utensilios de cocina, estancias de la vivienda y expresiones variadas constituyen un interesante diccionario balompédico casero

Al fútbol se puede jugar en todos lados, porque se necesita muy poco para marcar una portería y cualquier cosa sirve como balón. Pero este artículo no trata de eso, sino de palabras y expresiones que se encuentran tanto en el campo de deporte como en la vivienda. Y no, no nos referimos a los árbitros caseros, que expulsan a los visitantes (los mandan a casa) sin remilgos, o al hecho de jugar en casa o a domicilio, que también, para qué nos vamos a engañar. La lista es bastante completa.

Para visualizar mejor la escena, supongamos que estamos en la última jornada de la liga. El equipo local se proclamó campeón el fin de semana anterior, gracias a su fútbol efectivo, y el cuadro visitante le hace el pasillo a modo de homenaje. Tras ello, empieza el partido sobre una alfombra verde (o moqueta) muy cuidada: el césped. Y, olvidando las circunstancias de la contienda, donde nadie se juega nada, el objetivo de los veintidós jugadores será llegar a la portería rival y batir al portero (¿automático?).

Balompié entre las cuatro paredes

Ello lo lograrán si superan el muro defensivo. Más fácil lo tendrán los campeones, con su fútbol de salón, sus paredes, sombreros, bicicletas y croquetas con los que se meten hasta la cocina y marcan goles de tijera y cuchara. En cambio, los visitantes, plagados de troncos y algún leñero (ese zaguero escoba que parece un armario, realiza planchas y hace la cama más de una vez), bastante tendrán con mandar balones a la olla entre melón y melón y tratar de recortar distancias por medio de un penalti concedido tras un piscinazo. Están muy enchufados, pero su defensa es un coladero (aunque al descanso, con el resultado gafas, todos decían que habían echado el cerrojo) y les pegan un baño. Los barren del campo. Les hacen un traje a medida para despedir la temporada.

Tienen suerte de que, con la calculadora en la mano, ya están salvados y han dejado de ser ese equipo ascensor que sube una temporada y desciende la siguiente. El farolillo rojo es, esta vez, para otros, a pesar de las manos de mantequilla del cancerbero. Así que todos felices. Los campeones despiden el curso levantando la copa (¿de balón?). El próximo año, más.

*Basado en los artículos Fútbol a domicilio (I) y Fútbol a domicilio (II), de Fundéu.

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