El fútbol que viene: cuando el deporte es lo de menos

Portada del libro 'La disneyització del futbol' / PdF

El libro ‘La disneyització del futbol’, de Xavier Ginesta, explica la evolución de este negocio hacia la industria del entretenimiento

En el fútbol del futuro, el deporte será lo de menos, aunque seguirá siendo la pared maestra que sostenga el negocio. Así lo insinúa el periodista Xavier Ginesta en el libro La ‘disneyització’ del futbol (Eumo), en el que desgrana la evolución del balompié de nuestra era hacia la industria del entretenimiento, por inspiración tal vez del modelo americano del show business, aunque el cambio que se cocina bebe de distintas influencias. Argumenta el autor en este escenario que no es casualidad el intento de crear una superliga, como tampoco lo es que los estadios incluyan cada vez más opciones de ocio, sin olvidar las constantes variaciones que se introducen en el juego, con distintos formatos de competición y nuevas tecnologías. Todo ello enfocado en atraer y retener al espectador.

¿En qué consiste esta disneyzación del fútbol? Pues, ni más ni menos, en ofrecerle al aficionado un sinfín de experiencias y propuestas de entretenimiento desde que entra en el estadio, o incluso antes, y en el que el partido de fútbol es solo una más de ellas. Ello conlleva un riesgo, y es la pérdida de identidad de un club, el progresivo distanciamiento de sus raíces, de su territorio. De su gente y de su alma, a fin de cuentas. Es por este motivo que hay que encontrar el equilibrio para evitar, por ejemplo, que la mayoría de espectadores de un partido menor del Barça sean turistas –como ocurre en ocasiones–; no cantan igual, no alientan igual a los jugadores, y están más pendientes de la foto que del gol.

Estatua de Walt Disney y Mickey Mouse en Walt Disney World Florida / PIXABAY
Estatua de Walt Disney y Mickey Mouse en Walt Disney World Florida / PIXABAY

Los nuevos estadios

En todo caso, el paso del fútbol hacia la industria del entretenimiento más salvaje se está produciendo a pasos agigantados. Un ejemplo es la proliferación de documentales que giran en torno a un jugador o un equipo en concreto, con cámaras dentro de los vestuarios, lugares a los que hace ya un par de décadas se vetó el acceso a los periodistas con el argumento de proteger a los protagonistas y cuidar sus secretos tácticos. Ahora no es que se muestran en calzoncillos, sino que se paga por ello. Pero los clubes no solo venden los derechos a las plataformas por todos conocidas, sino que se están convirtiendo en creadores de contenidos. Y también los aficionados, que disponen de dispositivos de última generación y, cada vez más, contarán con platós en los estadios para ellos.

En efecto, los estadios son otra de las grandes revoluciones. Ya no sirve una grada para ver el partido. Los nuevos templos futbolísticos, como el nuevo Santiago Bernabéu, están pensados para acoger todo tipo de espectáculos durante todo el año, y ofrecen servicios de restauración y entretenimiento para todos los públicos. En el fondo, lo que se busca es que el espectador vaya allí a pasar el día, y que su visita no se circunscriba a los 90 minutos de juego. Unos 90 minutos que, por cierto, podrían reducirse en la búsqueda constante de nuevos estímulos, en especial para las nuevas generaciones, más acostumbradas a la inmediatez y a la brevedad. No hay que olvidar que para que esto funcione tiene que haber un equipo llamativo, de buenos jugadores, y eso es algo que cuesta dinero, por lo que solo unos pocos privilegiados optarán al nuevo universo. Crecerán las diferencias.

Guardiola da una charla en el vestuario del Manchester City / 'ALL OR NOTHING: MANCHESTER CITY'
Pep Guardiola dando una charla a los jugadores del Manchester City antes de un partido / ‘ALL OR NOTHING: MANCHESTER CITY’

De aficionados a consumidores

Por último, este cambio de paradigma se aprecia en las nuevas maneras de concebir el negocio. Algunos clubes, como el Manchester City, poseen franquicias en distintos continentes. Por no hablar del interés de los fondos de inversión en controlar el fútbol. Todo ello lleva a convertir los clubes balompédicos en multinacionales del entretenimiento y a los aficionados, en simples consumidores. Veremos.

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