La ciudad está repleta de pinturas, mosaicos, figuras y otros artículos relacionados con el futbolista que cambió la urbe
Poner los límites a los rincones maradonianos de Nápoles roza lo imposible. En cada esquina hay un grafiti con su rostro, un mosaico con sus mejores jugadas, fotografías, souvenirs y hasta negocios con el nombre de Maradona. Sin embargo, existe un tour guiado que acota esos espacios, al tiempo que se aprende más sobre él y sobre la ciudad.
El recorrido comienza delante del Teatro de San Carlos, que sirve como punto de encuentro, y sigue enfrente, en la Galería Umberto I, donde se realiza una breve introducción de la urbe y sus monumentos. Eso es antes de cruzar la vía Toledo y adentrarse, al fin, en los Quartieri Spagnoli, los otrora peligrosos barrios donde se respira Maradona en cada rincón.
«El dios de Nápoles»
Maradona, «el dios de Nápoles», según comenta un vecino durante el recorrido, jugó siete temporadas en el equipo de la ciudad, al que llevó a ganar dos veces la Serie A, una Coppa, una Supercoppa y una UEFA. Impensable para los pobres del sur.
Los tres primeros años los vivió en el Hotel Continental; después, compró una villa. Pero lo que nadie ha olvidado –y eso que se marchó en 1991– es lo que hizo por la ciudad y, en especial, por los Quartieri Spagnoli, donde se respiraba miseria, la misma que él había mamado en Villa Fiorito y que le llevó a empatizar con los residentes.
Un referente
Porque Maradona, aparte de la ayuda material que pudiera ofrecer, llevó, sobre todo, esperanza y alegría allí donde las sonrisas eran una utopía. Era un referente para los niños, pese a sus pasajes oscuros. Es más, hizo pintar los Quartieri Spagnoli con los colores de Argentina, el azul y el blanco, aún visibles en muchas paredes, y añadir banderolas que cuelgan en las estrechas calles.
El paisaje maradoniano de Nápoles cambia cada día, pero hay algunos lugares ineludibles. Son los marcados en el recorrido del mapa superior, en azul, en especial el Largo Maradona, donde luce su mítico mural, pintado en una pared con una ventana privada que permanece cerrada –a cambio de un dinero– para que el paseante pueda disfrutar de la obra en su esplendor.
Imprescindibles fuera del recorrido
Pero también los pintados de negro, igual de relevantes, aunque quedan fuera del tour y hay que visitar en otro momento. Por ejemplo, el Museo Maradona, el Estadio Diego Armando Maradona y el Bar Nilo, que guarda un mechón del 10. ¡A disfrutar!

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