Así es el fútbol cuando deja de ser un juego

'Fútbol B', libro de Jacinto Elá / PdF

El exjugador Jacinto Elá destapa en ‘Fútbol B’ el balompié que permanece oculto a la vista de los aficionados

Sabe de lo que habla. Por eso colgó las botas con solo 26 años. Y por eso, también, espera que su experiencia ayude a las nuevas hornadas de futbolistas. Él es Jacinto Elá Eyene, y destapa el balompié que nadie ve en su libro Fútbol B. Lo que me habría gustado saber cuando era futbolista, y nadie me contó: egos, intereses y mucho sacrificio se esconden detrás de los partidos de cada fin de semana.

Es cierto, el libro necesita una buena corrección (el autor es de los que juegan a fútbol, y no al fútbol), pero la historia está tan bien contada que, sin que sirva de precedente, los errores, sobre todo de puntuación, son lo de menos. En todo caso, Elá es consciente de ello, pero la necesidad de compartir su testimonio era superior a los detalles de forma. No es una biografía, sino un recopilatorio de vivencias y reflexiones.

Niños con representantes

Jacinto Elá apuntaba alto, pero vivió más de lo que podía asumir en su juventud. Demasiados cambios de club y de país, soledad, lesiones, y un mundo, el del fútbol, en el que lo de menos es el deporte. El autor denuncia en Fútbol B las carencias del sector, y no solo en la élite, sino también en las categorías inferiores. De hecho, todo empieza mucho antes, con la mercantilización de los chavales; niños con representantes. Mal comienzo. 

No es de extrañar que el ego de esos niños crezca y crezca, y siga creciendo cuando llegan a la élite. Tampoco sorprenderá, por otro lado, que muchos de los que se quedan por el camino sufran graves problemas psicológicos. No es fácil gestionarlo. Asimismo, en el mundillo proliferan los amigos ajenos al deporte, que se acercan a los jóvenes, inmaduros (y solos en muchos casos), para sacar provecho. Por no hablar de los agentes de jugadores, que en numerosas ocasiones anteponen el interés propio al de sus clientes.

El negocio del fútbol

Jacinto Elá pinta un panorama delicado, pero no solo en el negocio del fútbol en sí. También en casa, donde no son pocas las familias que llevan al futbolista en volandas y lo aíslan de cualquier problema para evitar que los disgustos afecten al rendimiento de la estrella, aunque sea más afortunada que otros miembros del clan, que pueden estar en el paro. El autor incluso le quita importancia a las lesiones ante enfermedades de personas anónimas, aunque el foco está siempre sobre el jugador de turno.

No obstante, Elá denuncia también la hipocresía que hay en el fútbol, así como lo rápido que se olvidan compañeros y aficionados (y medios de comunicación) de un lesionado. El futbolista, en numerosas ocasiones, se siente solo. Necesita una pareja estable y un entorno familiar con la cabeza amueblada. No debe obsesionarse con casarse con una modelo (estos casos son contados, aunque parezca lo contrario), ni mucho menos con vivir por encima de sus posibilidades. Los clubes, analiza, deberían dar charlas y cursos de todo tipo, incluso de cocina, finanzas y primeros auxilios.

Rafinha camina por La Mola / RESILIENCIAAdaptarse o morir: una lesión en primera persona

Impagos y racismo

Pero la cosa se complica cuanto más abajo esté un club. En categorías inferiores a la Segunda División, incluso son habituales los impagos y los retrasos. Estos jugadores, a menudo necesitan otro trabajo para subsistir, y se juegan el tipo cada fin de semana; una lesión puede dejarles sin la mitad de los ingresos. También hay más casos de racismo, porque los energúmenos están menos controlados que en la élite. Por todo ello lo dejó Elá con 26 años. Porque el fútbol dejó de ser un juego para él.

¿Y el fútbol que viene? Elá acierta en algunas predicciones. Por ejemplo, vaticinó que la tecnología no acabaría con la polémica, porque hay miles de interpretaciones en cada jugada (como así ocurre con el VAR). También dejó por escrito que los aficionados son lo de menos para el negocio del fútbol, y que cualquier día los sustituirían por personas virtuales. Ha ocurrido a medias, durante las retransmisiones de los partidos en tiempos de pandemia, en los que no había público, aunque este se podía ver y oír por televisión.

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