Kaiser, el mayor impostor de la historia del fútbol (y tiene un imitador)

Carlos Henrique Raposo 'Kaiser', con la camiseta del Ajaccio

El documental ‘The Greatest Footballer Never to Play Football’ descubre la historia de Carlos Henrique Raposo, el futbolista que nunca jugó

Esta es la increíble historia de Carlos Kaiser (2 de abril de 1963), posiblemente el mayor impostor de la historia del fútbol. Un personaje que contó con la connivencia de todos los que le rodeaban para convertirse en The Greatest Footballer Never to Play Football (documental de Louis Myles); es decir, el más grande futbolista que nunca jugó al balompié.

Carlos Henrique Raposo quería ser futbolista, entre otros motivos para llevar dinero a su humilde casa, pero no tenía cualidades para ello. Así que se las ingenió para entrar en el circuito echándole mucho morro. Y así estuvo más de dos décadas, en las que apenas disputó un puñado de minutos y, por supuesto, nunca anotó un gol, aunque era delantero.

Extrañas lesiones y una expulsión

Bueno, en su momento sí que presumía de haber marcado un gol. Y de más maravillas, porque, entre otras cosas, había elaborado un vídeo con sus mejores jugadas. Hay que tener en cuenta que la calidad de la imagen de la televisión en la década de 1980 no era la actual, y tampoco había internet, así que con un poco de ingenio se podía lograr todo.

Pero ¿cómo se sostiene una mentira así durante tantos años? El documental es para mondarse. Los amigos, compañeros y el mismo Kaiser relatan que este emprendedor se las ingeniaba para escabullirse a última hora: casi siempre estaba lesionado y, en una ocasión, cuando iba a debutar con el Bangu brasileño, se encaró con un aficionado durante el calentamiento… y fue expulsado.

Carlos Henrique Raposo 'Kaiser' / 'THE GREATEST FOOTBALLER NEVER TO PLAY FOOTBALL'
Carlos Henrique Raposo ‘Kaiser’ / ‘THE GREATEST FOOTBALLER NEVER TO PLAY FOOTBALL’

Un buen relaciones públicas

El objetivo del protagonista era estar el menor tiempo posible en cada equipo, entre tres y seis meses, y cambiar antes de levantar grandes sospechas. Así, dice que pasó por el Puebla, el Botafogo, el Flamengo, el Ajaccio, el Bangu, el Fluminense, el Vasco da Gama, El Paso y el América, aunque no todos los clubes lo reconocen (o se niegan a asumir el ridículo o forma parte de las mentiras de Kaiser). Es decir, estuvo la mayor parte de su carrera en Brasil, pero también en México y Francia. Con eso y un buen representante ¿quién iba a dudar?

“Los clubes se alegraban dos veces conmigo: cuando me fichaban y cuando me iba”, recuerda Raposo. Ninguno se atrevía a destapar el fraude porque el ridículo hubiera sido mayúsculo, así que la bola se hacía más y más grande, lo que lleva a la otra parte de la historia: Kaiser se benefició del silencio cómplice de todo el mundo, de su cuerpo atlético y de sus dotes como relaciones públicas. Un cóctel perfecto para un embaucador en un mundillo corrupto.

Una historia dramática

Raposo se sabía ganar a la gente y, por ejemplo, conseguía mujeres para compañeros y directivos. Además, se benefició de su parecido con una de las estrellas del momento, Renato, por quien se hacía pasar en más de una ocasión. Lo tenía todo bien atado. Lo de Kaiser, por cierto, se lo pusieron por su semejanza con Franz Beckenbauer, uno de los mejores jugadores de la historia. Ver para creer. Hasta que se retiró y salió el drama real.

The Greatest Footballer Never to Play Football pasa de las risas a la compunción. Un Raposo aparentemente sincero lamenta que no ha vivido su vida, sino la de otra persona, y se arrepiente de ello. Pero, según explica –aunque uno ya no sabe distinguir la realidad de la ficción–, las circunstancias lo empujaron a ello, como el alcoholismo de su madre. Ya de mayor, perdió a un hijo y a dos esposas, y la visión de un ojo. Demasiados palos para el mayor fraude de la historia del fútbol, aunque le salió un imitador.

Akcelrod, un caso parecido

Cuando Carlos Kaiser daba sus primeros pasos como futbolista nació Gregoire Akcelrod (17 de septiembre de 1982), su digno sucesor. En este caso sí era jugador, aunque amateur, pero gracias a sus mentiras estuvo a punto de jugar la Champions League con el CSKA de Sofía búlgaro, el mismo club del que salió Hristo Stoichkov. Además, él casi lo logra en la época de internet. Y precisamente internet acabó con él.

Akcelrod llegó a crear una página web en la que falseó su trayectoria como futbolista, y en la que escribía, por ejemplo, que había pasado por el filial del PSG. De hecho, llegó a cambiar algunas crónicas para poner su nombre en ellas, y con estos documentos llamó a la puerta de diversos equipos de Europa. El Chelsea, el Arsenal y el Manchester City no le abrieron, pero sí el Norwich, el Swidon y el Bournemouth, aunque no pasó las pruebas.

Gregoire Akcelrod, con las camisetas del PSG y el CSKA de Sofía / INSTAGRAM @GREGOIREAKCELROD
Gregoire Akcelrod, con las camisetas del PSG y el CSKA de Sofía / INSTAGRAM @GREGOIREAKCELROD

Representante de futbolistas

Quienes sí cayeron en la trampa fueron los Mississauga Eagles de Canadá y el CSKA de Sofía, club que le ofreció un contrato de 208.000 euros por temporada y la posibilidad de jugar la Champions League. Pero un aficionado rastreó distintos foros de internet y, al ver que nadie sabía de su existencia, desmontó el fraude. Ahora, Akcelrod detalla su increíble historia en el libro Pro à toux prix (Profesional a cualquier precio), y es representante de futbolistas. “Solo quería demostrar que no hace falta un currículum”, concluye.

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