Las memorias de Paulino Alcántara

El libro 'Mis memorias y consejos prácticos para el entrenamiento', de Paulino Alcántara / PdF

El primer gran crack del Barça fue pionero en otro ámbito: la escritura

Hablar de Paulino Alcántara es hacerlo de uno de los más grandes futbolistas de la historia –aunque no suele aparecer en las listas–. Del Barça, por lo menos, ya que fue su máximo goleador hasta la irrupción de Leo Messi casi un siglo después. La FIFA, asimismo, lo nombró en 2007 el mejor jugador asiático de todos los tiempos. Pero, más allá de su maestría con el balón en los pies, el bueno de Paulino fue pionero en otro ámbito: fue el primer futbolista azulgrana que escribió sus memorias. Y así las tituló: Mis memorias y consejos prácticos para el entrenamiento (1924), con prólogo de Sixto Espinosa Orozco. Impreso en la Imprenta Garrofé de Barcelona y revisado por la censura militar, su precio en el mercado era en aquellos años de dos pesetas.

Las memorias de Paulino Alcántara son curiosas. En cierta manera, son el ensamblaje de las notas que iba anotando de su día a día y que, en un momento dado, se animó a publicar a modo de agradecimiento, por un lado, de generosidad, por el otro, y también para explicar su verdad acerca de todo lo que se decía de él. En todo caso, se aprecia con la lectura que la escritura no es lo suyo –aunque muchos querrían tener un lenguaje tan rico como el que ofrece– y que, posiblemente, nadie revisó el libro antes de su publicación, porque, en algunos momentos, se pierde en detalles superfluos y, en otros, los omite –apenas nombra a su familia para nada, por ejemplo–. Cabe decir que es honesto con el lector, y a menudo pide disculpas en el texto por sus carencias como escritor. No obstante, aporta una clara idea de su forma de ser y de su trayectoria hasta 1924 –fecha de la publicación–, no así de sus últimos años como futbolista, su carrera como médico y de su posicionamiento en la Guerra Civil (1936-39), en la que fue médico del bando franquista.

Una obsesión enfermiza

La obra de Alcántara (Iloílo, Filipinas, 7 de octubre de 1896-Barcelona, 13 de febrero de 1964) comienza con una breve mención a la situación geopolítica de su país, que estaba a punto de independizarse de España cuando él llegó al mundo. Y enseguida sitúa la acción en Barcelona, adonde viajó de muy pequeño y donde se formó como persona. De hecho, desvela que su pasión por el fútbol le vino una tarde cualquiera en la que vio un partido con unos compañeros de clase, en 1908. Desde ese momento, convirtió ese deporte en una obsesión casi enfermiza, y no paró hasta que se compró un balón con la paga de sus padres. Pero una púrpura hemorrágica a punto estuvo de chafar su sueño. Nótese que no tenía precisamente una salud de hierro –bordeaba el raquitismo–, y el ejercicio físico no era en aquellos años una práctica habitual ni aconsejable para todos.

En Mis memorias, evidentemente, repasa su etapa de azulgrana –en la que anotó 395 goles en 399 partidos–, pero, sobre todo, dedica un buen puñado de líneas a su viaje en barco a Filipinas para estudiar Medicina. Fue por ello por lo que dejó el Barça dos años, etapa que coincidió con el bajón del equipo, que le suplicó su regreso y ello acentuó la neurastenia de Paulino, dado que dejó de comer y de medicarse y se duchaba varias veces al día hasta que sus padres, al fin, cedieron y le dieron permiso para volver a Barcelona. De todos modos, en su país natal no perdió el tiempo, dado que también jugó al fútbol e, incluso, al ping pong, porque las fuertes lluvias en esa zona del mundo durante los últimos meses del año le impedían practicar deporte al aire libre. Dicho esto, arribó de nuevo a la capital catalana para seguir marcando goles y ganar algún que otro título (en total levantó 15 trofeos: 10 Campeonatos de Cataluña y 5 Copas).

Consejos de entrenamiento

Esta obra, de la que hay muy pocos ejemplares en circulación, termina con unos consejos para la práctica deportiva. Unos consejos que vistos hoy sorprenden por lo que ha evolucionado la preparación de los futbolistas. Un ejemplo de lo que recomendaba Alcántara: una vuelta al campo, cinco minutos de gimnasia sueca, un esprint de 20 metros, salto a la cuerda y otro rato de gimnasia, salto de vallas y otra vuelta al campo, en esta ocasión con algunos instantes de esprint. Nada que ver con el presente.

Asimismo, siempre agradecido, Alcántara enumera a sus maestros: los futbolistas Manolo Amechazurra, George Pattullo y Alexander Steel y el entrenador Jack Greenwell. También hace un listado de los mejores jugadores de la época, en el que menciona con especial cariño al portero Ricardo Zamora. Y termina su obra –que también incluye fotografías– con un epílogo en el que anima a practicar deporte. Sin duda, un documento único de un delantero único que permaneció casi en el olvido durante años por su ideología, pero cuyos excelentes números en el campo lo han devuelto al lugar que le corresponde.

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