Las andaduras de Jesús Gil

Jesús Gil y Gil / PDF

La miniserie ‘El pionero’ (HBO) sostiene que la ambición del empresario, político y presidente del Atlético acabó con él

Jesús Gil y Gil (Burgo de Osma, Soria, 1933-Madrid, 2004) fue pionero en entender que la mezcla del inmobiliario, la política y el fútbol era el cóctel perfecto para triunfar en todos los aspectos a los que aspira alguien de tamaña ambición: popularidad y dinero. Y supongo que por ello el director Enric Bach ha titulado así, El pionero, la miniserie de HBO que recupera las luces y sombras de la persona y el personaje.

Gil era huérfano de padre desde los 4 años, por lo que su madre, la Guadalupe, tuvo que criar a sus hijos sola. Era una mujer de armas tomar que se buscó la vida como pudo, y en ella se reflejaba. Esta situación empujó a Gil a probar suerte en Madrid desde bien joven y a conseguir sus primeros ahorros, aunque El pionero pasa de puntillas sobre esa etapa de su vida y poco aclara sobre cómo comenzó a crear su fortuna. Tampoco desvela por qué estaba tan bien relacionado con los poderes. Lo que sí constata es que siempre fue pillo.

Corrupción en Marbella

Pillo, sí, pero también “visionario”, “listo”, “hábil en los negocios” y, en cierta medida, “antisistema”. Llegó a creer que podía cambiar el país entero, y se las ingenió para ir cumpliendo metas, siempre bordeando la ley, hasta que se convirtió en alguien molesto para los que de verdad mandaban. De repente, todo lo que había logrado se desmoronó cuando preparaba su candidatura a presidente del Gobierno. Es lo que sugiere el documental, que no esconde que forjó su carrera y su fama a base de prácticas poco éticas, opacas, ilegales y corruptas.

Jesús Gil en 'El pionero'
Jesús Gil en ‘El pionero’

Jesús Gil pregonaba que todo valía mientras el pueblo estuviera contento a la par que el se enriquecía. Era un win-win. Y así levantó de la nada la pomposa urbanización Los Ángeles de San Rafael, en Segovia (Franco le concedió el indulto tras el derrumbamiento de un edificio con resultado de 58 muertos y 150 heridos, lo que demostraba su impunidad), primero, y Marbella, después. En la Costa del Sol, cansado de sobornar a las autoridades para que le dejasen construir ilegalmente (extorsiones, decía él), se presentó a alcalde para hacer y deshacer a su antojo. Y arrasó con el partido GIL. Se hizo más fuerte.

Gil y el Atlético de Madrid

Para entonces ya estaba metido de lleno en el Atlético de Madrid (con apropiación indebida incluida, según se denuncia en los cuatro capítulos, que también salpica a Enrique Cerezo, aunque el caso prescribió), que utilizó para sus intereses personales, por lo que no dudó en hacer malabares financieros con el objetivo de llevar al club al éxito. “No era del Atleti, no era de ninguno”, asegura en El pionero el periodista José María García. Nunca se supo lo que él puso de su bolsillo ni si se llevó dinero de la entidad colchonera, si bien el futbolista Paulo Futre fue su gran salvación deportiva y económica. En el documental, este afirma que lo único a lo que Gil  le tenía miedo era a la afición. De nuevo, si la gente está contenta, hay más margen para hacer y deshacer sin que te pidan cuentas.

Paulo Futre en 'El pionero'
Paulo Futre en ‘El pionero’

Jesús Gil y Gil era un “triunfador”, así como un personaje “amoral”, según desvelan los protagonistas del documental. Él mismo se definía como “distinto” (“no soy normal”). Y tenía todas las piezas del rompecabezas, pero faltaba ensamblarlas. De este modo, y tras gestionar el Ayuntamiento de Marbella como una empresa privada, publicitó (de modo irregular) la ciudad en las camisetas del Atleti. Si el equipo ganaba, Marbella tenía más visibilidad y él, más dinero. Y todos contentos. El fin justificaba los medios. Pero quería más, y ello acabó con él. De ser temido se convirtió en apestado de la noche a la mañana.

Un estorbo

En la obra aparecen, entre otros, sus hijos, Jesús, Miguel Ángel y Óscar; sus hermanos, Severiano y Javier Alfonso; Futre; José María García, y la política Isabel García Marcos. Algunos tratan de blanquear sus fechorías; otros, las condenan. Pero lo que me queda claro es que uno, el personaje se comió a la persona. Y dos, tuvo la complicidad de los poderes hasta que estorbó, o hasta que la ambición se le fue de las manos.

El recuerdo que tengo de Jesús Gil y Gil es el de una persona extravagante que aparecía a menudo en televisión con unos modales de dudoso gusto. También sabía entonces que era el presidente del Atlético de Madrid. Y mi memoria alcanza hasta el día de su muerte. Poco más. Ahora, El pionero me ha hecho comprender su figura, su ascenso y su caída a los infiernos. Está muy bien construido. A unos les servirá para recordar el gilismo; a otros, para descubrirlo. Solo son cuatro horas de nada, perfectas para una tarde de domingo.

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