Ubicado en Nápoles, guarda algunos de los objetos personales de ‘El Pelusa’
A 50 metros del Largo Maradona, la zona cero maradoniana de Nápoles, se encuentra la guinda del pastel del universo de El Pelusa: el primer museo dedicado al futbolista que cambió el destino de la ciudad partenopea y del equipo de fútbol local.
Se trata de un espacio pequeño, demasiado, tal vez, para lo que Maradona significa aún para los napolitanos: un dios. Pero suficiente como para exponer algunos de los cientos de objetos que el 10 acumuló en sus 60 años de vida.

Los Quartieri Spagnoli
El Museo Maradona se ubica en el corazón de los Quartieri Spagnoli, los barrios antes bajos y peligrosos que el Diego, con su fútbol y su carisma, contribuyó a transformar en un espacio turístico y pintoresco. Un lugar en el que su rostro está en cada esquina.
Se accede a la sala por la callejuela o Vico Cariati, 58. Y la entrada cuesta 10 euros. Existe incluso la opción de hacer una visita guiada por el mismo precio. A gusto del visitante. Pero merecen la pena los comentarios del cuidador de la exposición.

La familia Vignati
Tras cruzar la puerta, el local se divide en dos espacios. El primero, algo más reducido, muestra algunos de los objetos personales de Maradona: piezas de ropa, una raqueta de su amiga Gabriela Sabatini y la cafetera moka con la que se preparaba los cafés, entre otros.
Una cafetera con la que el conserje del Nápoles durante cuatro décadas, Saverio Silvio Vignati, ofrecía café a los jugadores, y de la que Maradona quedó prendado de tal manera que solo bebía moca preparado con esta máquina.


Historia de un museo
Pero, al margen de la anécdota, lo relevante es que los Vignati se convirtieron en la familia de Maradona en Nápoles, hasta el punto de que la esposa del conserje, Lucía, fue ama de llaves y cocinera del fenómeno, y una de sus hijas fue la niñera de Dalma y Giannina Maradona, hijas del Diego y Claudia Villafañe.
Ahora, uno de los 11 hijos del matrimonio Vignati–Maradona era el duodécimo para ellos–, Massimo Vignati, ha decidido exponer algunos de los más de 300 objetos que El Pelusa entregó a la familia, y que hasta ahora estaban casi ocultos en un semisótano.
La estatua y las camisetas
Para ver más, hay que adentrarse en la otra parte del museo, presidida por una majestuosa estatua de Maradona a tamaño natural, obra de Domenico Sepe, que estuvo unos meses delante del estadio Diego Armando Maradona, hasta que se la devolvieron al autor.
Y, a su alrededor, un tesoro de camisetas de casi todos los equipos en los que jugó: Argentinos Juniors, Boca Juniors, Newell’s, Barça, Argentina y, sobre todo, Nápoles, equipo que lideró hasta ganar dos veces el Scudetto, una UEFA, una Coppa y una Supercoppa.




El contrato entre Barça y Nápoles
Entre los objetos destacan también Ciao, la mascota del Mundial de Italia 1990 que Pelé le regaló a Maradona; el contrato de traspaso del jugador del Barça al Nápoles, y la chaqueta que vestía el astro en el mítico calentamiento en Múnich mientras sonaba Live is Life.
Para terminar, antes de salir –el recorrido se completa en apenas media hora–, hay que detenerse a contemplar una de las joyas de la exposición: el banco del vestuario del Nápoles en el que Maradona se cambiaba y rezaba antes de cada partido.

Historia de la ciudad
Ahora bien, hay una pregunta obligada: ¿por qué no se exponen estos objetos en el campo del Nápoles? Según el guía, es porque el club los quería a cambio de nada, al tiempo que denuncia lo poco que cuidan los Partenopei la figura del legendario 10.

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