Los dirigentes del club de Avellaneda hicieron socios a los tres miembros de la tripulación antes de aquel «gran salto para la humanidad»
El 20 de julio de 1969 se produjo uno de esos hechos que marcan un antes y un después: por primera vez, el hombre pisó la Luna. Sí, fue en esa ocasión que el astronauta Neil Armstrong, comandante de la expedición, pronunció aquello de que su paseo por el satélite era «un pequeño paso para el hombre, un gran salto para la humanidad». Lo que pocos conocían entonces era que, poco antes de su viaje espacial, el Club Atlético Independiente (CAI) le hizo socio, y también a sus dos acompañantes de aventura, Michael Collins y Buzz Aldrin. Los cosmonautas agradecieron el detalle llevando en la nave, el Apolo 11, un banderín del club de Avellaneda. O eso les aseguraron a sus dirigentes a su regreso.
Cuenta la historia que la ocurrencia de fichar a los astronautas surgió de la mente del entonces secretario de Cultura y de Relaciones Públicas del CAI, Héctor Rodríguez, quien ante la inminente proeza de la NASA propuso registrar a Armstrong, Collins y Aldrin como socios honorarios del Rojo. Al parecer, comentaba que si los tres pioneros iban a ser «los héroes más grandes del siglo», entonces tenían que ser «socios de Independiente». Y la idea cuajó en la entidad. De este modo, en el club se pusieron manos a la obra y, gracias a las buenas relaciones con la embajada de Estados Unidos, obtuvieron tres fotografías de los turistas espaciales, les hicieron los carnés de socio y se los mandaron junto con tres banderines de Independiente y ropa del equipo.

Armstrong, socio 80.400 del CAI
Años después, el entonces tesorero del CAI, Boris Lisnovsky, explicó que «el objetivo [de la iniciativa] era que llevasen algo de Independiente en su viaje» con la intención de que el Rojo fuese el «primer club del mundo en llevar su banderín a la Luna». Por cierto, Aldrin se convirtió en el socio 80.399; Armstrong, en el 80.400, y Collins, en el 80.401. Y como respuesta a esta atención, y antes de partir hacia el espacio, el comandante del Apolo 11 agradeció por carta, en nombre de la tripulación, la «amabilidad» por el envío de los presentes. «Deseo volver pronto y visitar Buenos Aires. Y espero que las circunstancias me permitan aceptar su invitación para visitar su club», escribió.
Tras la proeza, y en el marco de un evento, los astronautas llegaron a Argentina y, según recordó Lisnovsky, Armstrong les aseguró a los dirigentes de Independiente que su banderín llegó a la Luna, pues lo había guardado en la nave que los transportó como forma de agradecimiento por el trato recibido. Cierto o no –eso solo lo sabían los astronautas–, de lo que no cabe duda es de que los primeros hombres que pisaron el satélite de la Tierra eran socios del Rojo.
