Ignacio Pato repasa en ‘Grada popular’ las “aficiones que animan a la contra” y se oponen al negocio que acaba con la esencia del balompié
«Estamos en el año 50 antes de Jesucristo. Toda la Galia está ocupada por los romanos… ¿Toda? ¡No! Una aldea poblada por irreductibles galos resiste todavía y siempre al invasor. Y la vida no es fácil para las guarniciones de legionarios romanos en los reducidos campamentos de Babaórum, Acuárium, Laudánum y Petibónum…». En efecto, así comienzan todas las aventuras de Astérix y Obélix, y así podría empezar también, con una breve adaptación, el libro Grada Popular (Panenka, 2022), en el que Ignacio Pato cuenta las historias de «ocho aficiones que animan a la contra»; esto es, de espaldas al negocio que está arrasando con la esencia del balompié y lo está convirtiendo en otra cosa.
La introducción es ya en sí una maravilla y una declaración de intenciones, pues el autor expone las muchas absurdeces del mundo en el que vivimos y en el que hacemos de todo menos eso, vivir. Andamos siempre alerta por cuestiones superficiales, banales, nos vuelven egoístas y avariciosos y el sistema está pisoteando y permitiendo que se pisotee el origen de cada cual, sus diferencias, tan enriquecedoras. Afortunadamente, hay mentes pensantes como la de Pato que alertan de ello, y también aficiones que, en el caso del fútbol, luchan por conservar su idiosincrasia ante un dinero depredador que todo lo iguala. Hay algunos más, pero Grada popular se centra en el Liverpool, el AEK, el Nápoles, el Velez Mostar, el OM, el Rapid Viena, el Besiktas y el Rayo Vallecano. ¡Cómo no quererlos!
No vale leer deprisa este libro. Hay que masticarlo, pues cada capítulo es un conjunto de relatos históricos, notas de actualidad, turismo, testimonios personales y mucho sentimiento, y recoge desde la oposición de la afición del Liverpool a la Superliga hasta la conversión del Rayo en una empresa. Los clubes van por un lado, se suben a la ola del capital, y en cierta medida no tienen muchas alternativas. Pero ahí siguen las aficiones, fieles a unos orígenes y a unos valores, y que hacen de contrapeso en muchas ocasiones para evitar que las propiedades hagan y deshagan a su antojo pensando única y exclusivamente en sus bolsillos. Sin duda, faltan más obras como esta y, sobre todo, que entre todos comencemos a plantearnos que este mundo no es el que necesitamos.